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Camaná Hermosa N° 14

Camaná Hermosa N° 14

viernes, 4 de julio de 2008

El Tucapel, a 97 años de su naufragio

Por: Milton Zevallos Vergara

Desde niño había oído siempre la historia del Tucapel, aquel barco chileno que naufragó frente a las costas de Camaná. Había oído que hubo muchos muertos y que la población de San José había ayudado a rescatar a las víctimas del naufragio. Y había oído también que cuando había bajamar, se llegaba a ver los mástiles del barco hundido...
El Dr. José María Morante escribió sobre este suceso: "en la madrugada del 25 de setiembre de 1911...(naufragó) frente a Pucchuncillo el vapor chileno Tucapel, de la C.S.A.V. en el que perecieron 71 hombres, entre ellos mi hermano Federico, logrando salvar 60 hombres y 2 mujeres". Luego agrega: "El héroe de esta jornada de salvamento fue... Pedro Yáñez, sobre el que se han escrito varias coplas y décimas..."
Por casi un siglo esta historia permaneció inmutable. Pero a la luz de las recientes investigaciones, algunos datos importantes - como la fecha del naufragio y el número de ahogados, así como de sobrevivientes - empiezan a cambiar. Desde hace unos años el psicólogo e historiador Juan Carlos Gamarra ha estado investigando pacientemente sobre este suceso. Fruto de este trabajo está próximo a publicar un libro llamado "El naufragio del Tucapel". Reuniendo narraciones preservadas a través de la tradición oral, y recopilando telegramas, noticias y testimonios que llenaron las primeras planas de diarios y revistas de aquella época, reconstruye una historia tan sorprendente como dramática.
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El Titanic. Fue el vapor mas lujoso de todos los tiempos. Se hundió en 1912.


Para ubicarnos un poco mejor en el contexto. En 1911 la industria automotriz a nivel mundial era aún incipiente. El transporte terrestre entre las ciudades de Perú era realizado en caravanas con caballos, burros y mulas. Es recién en 1925 que Sutter y Fernández, socios del Touring y Automóvil Club del Perú, pasaron en un automóvil Dodge por Camaná abriendo la trocha entre Lima y Arequipa por primera vez, para lo que constituiría luego la Carretera Panamericana. Por lo tanto, el principal medio de transporte entre las ciudades costeras eran los barcos a vapor o comúnmente llamados vapores.
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Vista parcial del mapa de la ruta de los barcos a vapor del mundo, elaborado en 1900. Se puede apreciar la ruta que cubría "El Tucapel".

"El Tucapel" era una moderna nave de acero construida en Inglaterra en el año de 1900 y que pertenecía a la Compañía Sudamericana de Vapores. Medía 94 metros de eslora, 13,5 de manga y 6 de puntal. Tenía tres mástiles y 2 chimeneas. En uno de sus múltiples viajes había llegado al Callao procedente de Guayaquil el 31 de agosto de 1911, para volver a zarpar el 1 de setiembre del mismo año con destino a Valparaíso haciendo escalas en Tambo de Mora (Hoy Chincha), Pisco y Chala.

Era la madrugada del 4 de setiembre de 1911, en que el vapor continuaba su ruta rumbo a Mollendo y demás puertos chilenos. Transcurridas las 4 de la mañana se abría paso entre la densa neblina a la altura del Chiflón (Desembocadura del Río Camaná). Según la declaración recogida por un diario de la época a uno de los sobrevivientes: el contador del barco, Luis Bernales; la nave se acercó demasiado a la costa, encallando en unas rocas frente a Boca del Rio (Hoy llamada San José) a unos 400 metros de la playa.
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"El Tucapel", hundiéndose el primer día. Solo queda en pie uno de los tres mástiles. (Foto cortesía de Juan Carlos Gamarra)

La alarma fue inmediata y cundió la desesperación entre los pasajeros para abordar alguno de los botes y poder llegar a la costa. Las historias son desgarradoras. Luisa Vda. de Larrea logró embarcar a su hija de 13 años y sus nietos de 3 y 8, pero ya no hubo espacio para ella. Tenía que esperar la salida del segundo bote. No pasaron muchos segundos cuando el bote en el que iban sus niños fue volteado por la vorágine de las olas. Solamente tres personas lograron emerger y fueron recogidos por el segundo bote, pero la mayoría, entre ellos el primer piloto (Arturo Papalli), un sacerdote y los niños desaparecieron devorados por el mar.
Para cuando empezó a clarear seguramente algunos pescadores lograron divisar la nave encallada y se corrió la voz de alarma. Cuando los primeros sobrevivientes empezaron a llegar a la playa, ya debió haber un buen número de pobladores congregados en la orilla.
El problema mayor fue el fuerte oleaje que no permitía que los botes pudieran conservar su estabilidad. Con el paso de las horas, la desesperación aumentaba y el numero de ahogados también. Entre tanto de Camaná se envió un telegrama al Capitán de Puerto de Quilca, Ezequiel Bedoya, cuya hija Aurora viajaba coincidentemente en "El Tucapel". De Quilca se enviaron sendos telegramas para El Callao y al Capitán de Puerto de Mollendo: Lizardo Reyes, quien junto con algunas autoridades de Mollendo salieron inmediatamente a bordo del vapor Santa Rosa con el equipo de rescate. De Quilca también salieron algunas embarcaciones para hacer hasta lo imposible en rescatar a los náufragos y del Callao notificaron al vapor chileno Maipo, que se encontraba próximo a Chala, para que regrese a socorrer a las víctimas del naufragio.
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Curiosos y náufragos en la playa. Obsérvese el bote que prestó auxilio a las víctimas. Lejano a la izquierda, un poco difuso, agoniza "El Tucapel". (Foto cortesía de Juan Carlos Gamarra)
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Aspecto actual de la playa donde ocurrió el naufragio.
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A estas alturas del día El Tucapel empezaba a sumergirse más, la gente a bordo se sujetaba de los palos y los cubos del vapor, aferrándose a la vida. En estas circunstancias tan adversas se debe destacar la proeza de dos pobladores de Camaná, que con gran esfuerzo y pericia nadaron a la playa logrando salvarse: Aurora Bedoya y Juan Granda.
Por tierra repetidas veces intentaron acercarse al vapor en una lancha, pero era inútil, la bravura del mar lo impedía. Solo al día siguiente, 5 de setiembre, los voluntarios camanejos, lograron auxiliar a unas pocas personas. Cuenta la historia que el más esforzado fue Pedro Yáñez, quien en uno de los intentos lamentablemente perdió la vida. De los 11 boteros solo 6 sobrevivieron.
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Grupo de pobladores que ingresaron en el bote de salvataje. (Foto cortesía de Juan Carlos Gamarra)
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El Capitán de la nave Federico Collins, de nacionalidad inglesa, permaneció aguardando la evacuación completa o algún posible rescate que tardaba en llegar. Nunca pudo abandonarla, pereció con ella cumpliendo estoicamente su deber.
Es así que, los intentos de salvataje por mar también fueron infructuosos, tanto el vapor de Quilca, como el Santa Rosa de Mollendo y el Maipo chileno intentaron, conforme fueron llegando, a diferentes horas el rescate de los náufragos, pero ya su destino estaba sellado. Después de casi dos días de penurias se hundieron junto con el Tucapel en el fondo marino.
La cifra final de muertos no está bien definida, pero entre telegramas y noticias de los diarios se concluye que fueron más de 80.
De los sobrevivientes, se sabe que fueron un poco mas de 40 y que fueron trasladados en caravana hasta Quilca, después de agradecer emocionádamente a los pobladores de Camaná. De Quilca partieron por mar a Mollendo, para posteriormente ser trasladados a su puerto final: Valparaíso.
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Baúl rescatado del Tucapel. (Fotos del baúl, cortesía de La Casa del Olivo)
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Nota sobre las fotos: Las 3 fotos que corresponden al momento del naufragio, son únicas en su género. Fueron tomadas por el fotógrafo Luis Gerardo Morán.
Difícilmente se ha obtenido el testimonio gráfico de un barco hundiéndose, con la antigûedad de estas tomas.
El dato curioso es que, en 1911 no había fotógrafo en Camaná. Si consideramos que el viaje por tierra desde Arequipa duraba 3 días y que de los vapores Santa Rosa y Maipo no se logró realizar ningún acercamiento a la playa, debemos descartar que el fotógrafo haya venido por una de esas vías. Mas bien, todo parece indicar que éste venía en el mismo Tucapel y logró salvarse junto con su equipo fotográfico.

2 comentarios:

  1. que era el tesoro no entien eso me falta para mi trabajo

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  2. El Tucapel era un barco de pasajeros, que también transportaba diversa mercadería en sus bodegas y seguramente entre el equipaje de los viajantes había algunas joyas valiosas, pero no se transportaba ningún tesoro.

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